Calor sofocante… (38 grados a la sombra)

El calor aprieta incluso aquí… bajo el bosque artificial de álamos.

Sus hojas tintenean al ritmo de la brisa.

Corro entre sus troncos perfectamente alineados
y el aire, unos grados menos sofocante bajo su sombra, me roza rápido la cara.

Pienso que tal vez así,
sentiré algo de fresco.

Al volver no puedo evitar meter mis pies en el río.
Está frío y agradable…

Adiós zapatos!!! Esperemos que aguanten hasta casa…

Pero…

qué otra cosa podía hacer bajo este calor sofocante…??

©Texto Piedad Asensio
Fotografía de Piedad Asensio

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Qué estás pensando?…


Qué estás pensando??


Sólo que por fin sopla el aire…
Esta calma me pone nerviosa.
Es desquiciante.
Esta puta calma-chicha!!!


Anda ya!!
El viento es un asco…


Pues a mi me gusta… Me da serenidad…
Se lleva los malos pensamientos.
Me acaricia el pelo.
Me trae calma… paz…
No sabes lo que dicen…??
Que a los locos nos gusta el viento.


Anda loca… tomaste tu pastilla?


Hoy no la necesito.
Ya te dije…
el viento vuelve a soplar 😉

©Texto Piedad Asensio
Fotografía de Piedad Asensio

Tratamiento de Belleza…

– Viste lo guapa que se ve la mujer despues de un orgasmo?? ( propio, se entiende…)

…Su rostro se ilumina.
Los labios se vuelven rojo intenso.
Las chapetas se sonrosan.
……..

  • Mi loca, con quién hablas??

– Con el mundoooo!!!!!

  • Y qué le cuentas ahora, si te espero desnudo en la cama…??

– Yo??? Pueeess…. Qué quiero ¡otro tratamiento de belleza!!! Jajaja!!!

©Piedad Asensio
Fotografía de Pixabay

Ven…

·      ¡ Ven!!.

o    ¿Qué quieres???… No hemos tomado el café…?

·       Ven…….

o    ¿Dónde?

·       ¡Aquí!. Entre mis piernas…

o    ¿Estás loca???!!!

·       Nop…  ¿y tú?… ¿Estás loco?

o    No!.

·       Entonces ven…  ¿no quieres perder esa cordura?
….

Él, sumergiéndose en su sexo, contesto:

o    Sip…

© Texto y fotografía Piedad Asensio

Verdades a Destiempo…

A menudo su madre le hablaba de cosas que ella no entendía… Historias ambiguas que se movían entre el hoy y el mañana, la alegría y la tristeza, la vida y la muerte…

La pequeña las consideraba parte de sus locuras y, como tales, las ubicaba en la mente, en el mismo lugar que los cuentos contados al anochecer.

El tiempo pasaba …y poco a poco, esas “otras realidades”, esas mentiras verdaderas, se fueron haciendo momentos de su vida…

Y entonces se dio cuenta de que aquellas conversaciones no eran locuras, sino verdades a destiempo, advertencias de los adentros del corazón. Pensamientos de lo profundo que, aunque no lo sabía, siempre fueron de ellas dos.

…Y la amó como el ser que nunca supo ubicar pero lleno de un amor que la marcó para siempre. La amó por lo que siempre había sido… aunque ya, no podía decírselo.

© Texto y foto Piedad Asensio